Wednesday, August 17, 2011

Un viaje al País del chocolate..

El conducir de largo en una carretera que tiene como señales de tránsito las ganas, se vuelve todo un espectáculo de ternura, duda y sonrisas. Comentarios disfrazados que alegran la ruta cómplice del sentimiento que ha decidido por cuenta propia mudarse de piel para transformarse en un amar bajo la lluvia, sus palabras son un show de garabatos de colores que revolotean por todo el espacio y que nos llenan el alma, y liberan adrenalina para lograr lo que se desea pero nuestro cerebro detiene lo que ya ha sucedido.

Un viaje repleto con manjares de chocolate que aspira convertirse en un juego exótico, prohibido, privado, intenso, pero con dosis de confianza y de miradas firmes y caricias sublimes que solo podrían ser interpretadas por el lenguaje del aliento, y por la piel que es testigo primario de ese no se que..que une, llama y grita sin necesidad de hablar.


La carretera devora sabores esenciales de sentimiento, sabores que optan por permanecer intactos y quietos para ser disfrutados, una forma elegante y distinta de disfrutar con el miedo exiliado de lo que es amar con todas sus letras completas.

Labios que se entienden al compás cadencioso de una sílaba que pregona romance y que absortos ante lo inevitable les cuesta separar e irse acoplando a la distancia de esos cuerpos de aire que cada día fusionan en un morado atardecer, doblegado a la sonrisa de una dama con humor indescriptible que roba sin remedio la sonrisa del conductor del carruaje gris y celestial.